La Qhashwa de Sillota es una danza costumbrista que se ejecuta con gran solemnidad durante el mes de septiembre, en el Santuario de la Virgen de Sillota, en el distrito de Pichigua de la provincia de Espinar en la región del Cusco, esta danza es una antigua y vibrante expresión coreográfica que tiene sus orígenes en los pueblos qollas, quienes la conocían como Qawa en los tiempos de predominio aymara. En sus inicios, la Qashwa fue una manifestación guerrera, como bien lo señala el cronista Bernabé Cobo, quien describe que "La Cahua es una de las principales y en la que hombres y mujeres, alternados y tomados de las manos, forman círculos bailando alrededor".
Según los habitantes de Pichigua, en tiempos antiguos existía una costumbre denominada T’ika Pallana, que consistía en la recolección de flores locales, seguida de una ofrenda a la Pachamama (la Madre Tierra) junto a la capilla antigua. En las cercanías, había un manantial, aún conservado hasta la fecha, al cual se realizaba una ofrenda al agua, reconociéndola como fuente de vida, fertilidad y regeneración de la tierra. Con la llegada de los colonizadores españoles, se buscó erradicar las creencias indígenas y su culto, para ser reemplazadas por el proceso de evangelización. A pesar de estos intentos, la tradición de la Qhashwa continuó transformándose, fusionando elementos de las creencias indígenas con los ritos católicos, dando lugar al sincretismo que caracteriza hoy las festividades de Coporaque y Pichigua.
En la actualidad, la Qhashwa se ejecuta el 8 y 15 de septiembre, durante las celebraciones en honor a la Virgen de Sillota, congregando a numerosos grupos de jóvenes varones y mujeres, conocidos como qhashwantes. Estos grupos, conformados por entre 10 y 12 personas, provienen de diversas comunidades, tales como Moro Alcassana, Chimpa Alccasana (del distrito de Pichigua), Huayhuahuasi (del distrito de Coporaque), y Cheqa (de la provincia de Canas). Cada grupo representa su comunidad con trajes distintivos, que varían en colores y detalles. Por ejemplo, los danzantes de Huayhuasi conservan trajes tradicionales más antiguos, mientras que los de Pichigua suelen llevar atuendos más modernos, aunque algunos aún preservan la esencia original.
Desde las primeras horas del día, los grupos se dirigen hacia la capilla de Sillota, llevando consigo instrumentos tradicionales como el chillador o el charango, ambos instrumentos de cuerda que acompañan el canto y baile de los danzantes. A medida que se acercan al santuario, los danzantes emergen de las colinas circundantes, simulando su llegada al lugar. Una vez en el atrio, los grupos forman círculos, mostrando sus habilidades en el baile y el canto, mientras desafían a los demás grupos con versos y movimientos ágiles. Los danzantes, ataviados con trajes coloridos, resaltan por sus detalles: los varones llevan pequeños sombreros, anteojos de sol, cutunas (chalecos adornados) y chimpunes (zapatillas tradicionales), además de un chillador decorado con trenzas y espejos. Las mujeres, por su parte, lucen sombreros, cutunas con trencillas y polleras vibrantes, que aportan un toque de belleza y elegancia al conjunto.
El baile se caracteriza por un contrapunteo entre los varones y las mujeres, quienes responden a los versos con coplas que a menudo tienen un tono sarcástico y de doble sentido. Los varones, con voz grave y firme, buscan atraer la atención de las mujeres, mientras ejecutan danzas elaboradas, acompañadas del sonido del chillador o charango. Las mujeres, con voces más agudas, responden a estos cantos mientras danzan, moviendo sus polleras con gracia. Es importante señalar que los espejos que cuelgan del chillador tienen una función simbólica: reflejan la luz a gran distancia, con el fin de llamar la atención de las solteras, que generalmente se encuentran pastoreando en las colinas cercanas. Los chimpunes de los varones, por otro lado, tienen una función práctica: permiten una rápida huida en caso de disputa con otro grupo,