La herranza, también denominada “señalakuy” o “cintachikuy”, es el marcado del ganado realizado por las familias y comunidades campesinas de la sierra peruana. Es una costumbre antigua que expresa concepciones ancestrales del mundo natural y de la relación que el hombre andino mantiene con él. Esta costumbre consiste en señalar con una marca (tinte de color añil o pintura) o cinta de colores a los carneros, cabras, alpacas y llamas acompañadas de música ejecutada con tinya (tamborcillo andino), y los cantos en voces quechua y voces castellanas, muchas de ellas con sátira, que están dedicados al ganado, a los pastores, al patrón o patrona. La herranza es un tributo al “Tayta Jirka” (los cerros o apus protectores) y a la “Pachamama” (madre tierra), donde el hombre, los animales y la madre naturaleza encuentran armonía o equilibrio. Durante siglos, los ancestros veneraron a las deidades conformadas por el agua, la tierra y el aire para para obtener una buena producción de animales. La manifestación andina se mantiene viva en el pueblo de Yauli, manteniendo su originalidad, pero, sobre todo, la esencia de una tradición ancestral vigente por siglos.
Se celebra desde la fundación de la comunidad campesina de Yauli por el año de 1933, todos los 24 de junio, como un homenaje al día del campesino. Esta actividad en ocasiones se celebra en la misma población para lo cual los comuneros bajan desde las alturas a las alpacas que conforman la “Granja Comunal de Yauli”; en un viaje de que dura cerca de tres días previos a la celebración; concentrando a todos los animales para su marcado, bien en el estadio del pueblo, y en ocasiones en el paraje de Hatun Uju que se encuentra a 40 minutos de la población de Yauli (con acceso para vehículos). Antes de iniciar el marcado, las autoridades de la comunidad campesina y del distrito; realizan una ofrenda o “cutichi” a la Pachamama (madre tierra) y los apus (dioses) tutelares, como una señal de comunión y vínculo con la naturaleza, para garantizar el marcado de los animales y estos sean bendecidos y se reproduzcan en mayor cantidad; esta ofrenda empieza con una “mesada” o ceremonia ritual donde maestros andinos distribuyen una serie de objetos sobre una manta de lana, mientras entonan oraciones, en el caso de Yauli, consiste en el ofrecimiento de la coca, licores, frutas, cigarrillos y flores, en agradecimiento a los dioses tutelares andinos. Posteriormente y al ritmo de las “wajlas” (cachos), “tinya” (pequeño tambor), violín y cantora (mujer que canta coplas en voces quechuas y castellanas), esta orquesta tradicional se va intercalando en intervalos con una orquesta moderna compuesta por 12 músicos en la que se incluye el saxofón, tarola, y clarinete ; se inicia el marcado mediante la colocación de aretes a las alpacas (usando el color rojo para las hembras y el color anaranjado para los machos). Una vez concluido el marcado, se procede al gran “shajteo” (almuerzo), donde la comunidad ofrece a todos los presentes un delicioso almuerzo; consistente en una pachamanca hecha a base de carne de alpaca y preparada a la usanza antigua con la práctica de la tradicional “huatia” u horno andino. Es importante resaltar que, a la par de la realización de esta ancestral costumbre, la comunidad campesina invita a comerciantes y artesanos a expender sus productos, como: artesanía típica elaborada a base de lana de carnero y fibra de alpaca, potajes típicos y dulces típicos (mazamorra de caya, de chuño, entre otros), haciendo de esta celebración, no solo una tradición ancestral sino también una feria que promociona productos locales derivados y/o vinculados a la alpaca y otros animales y gastronomía tradicional de la zona.