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Descripción
La leyenda cuenta que Tubalino era un niño vivaz de seis años. Ayudaba en los quehaceres domésticos a su familia como todo pequeño. Una mañana de marzo de esas, en la que los cerros están adornados de flores silvestres y el campo todo es un paraíso, ayudaba a su abuela en la tarea del ordeño, cuando esta se dio cuenta de la ausencia de una de sus vacas. Entonces ella le ordenó: Hijo, no está la vaca Barrosa, anda por ese camino y despiértala, seguramente se ha quedado dormida la muy floja.
Obediente, el niño, abrigado con un poncho, se encaminó por la angosta vía. No había caminado mucho cuando, al llegar a un promontorio, divisó a la Barrosa que yacía tirada sobre una explanada rodeada de buitres y cóndores en bullicioso festín. Las aves, apenas advirtieron la presencia del niño, levantaron presuroso vuelo.Sigilosamente, Tubalino se acercó al animal muerto, creyendo haber visto algo que se movía. En efecto, cuando pudo observar mejor, vio que un enorme cóndor devoraba la vaca. Entonces se le ocurrió jugarle una temeraria broma al cóndor. Tan disimuladamente como pudo, se quitó el poncho y lo colocó sobre el boquete, para sin escapatoria al intruso. Pero el cóndor no iba a ser presa fácil de tamaña majadería y decidió dar batalla. Así, accidentalmente (inteligentemente) sacó la cabeza por el hueco del poncho y levantó el vuelo, haciendo rodar por los suelos a nuestro amiguito y llevándose puesta la prenda. Como el niño demoraba más de la cuenta en el mandado, la abuela fue en su busca. De pronto, vio con asombro que se elevaba por los cielos alguien vestido con el poncho de su nieto y pensando que era este, se desmayó, después de proferir un lastimero grito de dolor y espanto.Tubalino quien recién se reponía del aventón producido por la brusca salida del cóndor, alcanzó a escuchar el eco del clamor de su abuela. Entonces corrió hasta donde ella se encontraba para decirle que estaba fuera de peligro. Al verlo, la abuela, todavía confundida, abrazó a su nieto hasta estar completamente segura de que era él quien estaba a su lado y no lo que momentos antes había visto cruzar en el cielo.En diversas oportunidades se ha escuchado, a lo largo de 75 años, a testigos que afirman haber visto un cóndor emponchado. Dicen que lo han visto en Oyón, Pachangara y Curay, así como en Acaín y Manás.La leyenda se desarrolla en el periodo republicano, dentro de las actividades que desarrollan los campesinos en sus actividades de campo. Correspondiendo a una tradición popular.Es de interés turístico porque es una leyenda que identifica a la comunidad de Churín con el campesinado, y es narrado por orientadores turísticos en circuitos turísticos.
Datos del Responsable
Institución encargada del llenado de la ficha:
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Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo - Gobierno Regional de Lima
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Nombre (Persona(s) responsable(s) del inventario turístico):
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Jorge Luis Torres Chirito
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Cargo:
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Asistente Administrativo II
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Correo:
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jchiritoxx@gmail.com
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Teléfono:
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956454928
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Fuentes Bibliográfica:
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1)Churín Una Bella Promesa.Autor:Huasopoma Chávez, Tubarcaín.Lima,1991.
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Material Audiovisual actual del Recurso:
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FOTO
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Especificación:
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Referencia de las últimas intervenciones en el Recurso Turístico:
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Fecha:
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13/09/2024 17:26:47
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