La leyenda es una creencia popular que se desarrolla en el periodo del virreinato, por entonces Churín era un lugar temido por propios y extraños debido a la alta concentración de humedad, lo que propiciaba la propagación de enfermedades endémicas. Solo poblaron esta zona unos cuantos valientes terratenientes y encomenderos, quienes obligaron a los mitayos, vivir aquí para trabajar los telares, los molinos y cultivos de tierras.Se dice que la imagen del “Señor de Churín” apareció allá por los años de 1790 en un recodo del camino a Huacho sin Pescado, a la altura de “Runchán” distante tres kilómetros de Churín, entonces los vecinos huachanos se llevaron a su iglesia colocándolo a un costado de su patrona la Purísima Concepción.El pueblo se aprestaba a celebrar su fiesta patronal a lo grande, sin embargo, grande sería la sorpresa de sus habitantes cuando advirtieron la desaparición del Cristo del lugar donde lo habían dejado. Preguntaron, indagaron y buscaron por el pueblo y, desde luego, nadie pudo dar razón de nada, ya que para todos fue un misterio la desaparición.La conmoción fue tal que ese año la fiesta perdió su tradicional atractivo. No había pasado tres días, cuando en Churín, se advirtió la presencia de la imagen. Una devota, que se ocupaba de la limpieza del altar mayor, se encontró frente a la imagen del Cristo crucificado, todavía sudoroso, con los brazos y piernas arañados por las ramas y su vestimenta llena del arbusto denominado “amor seco”. Inmediatamente, se convocó al pueblo entero para anunciar la buena nueva y lógicamente nadie supo explicar tal aparición, lo que quedó asignado como un milagro. Cuando la noticia llegó a oídos de los huachanos, estos se trasladaron presurosos a Churín, y con intensiones nada amistosas, reclamaron airadamente la imagen como de su pertenencia, soslayando que había sido raptado por los pobladores de Churín.Entregándole la imagen a los huachanos. Las actividades volvieron a su normalidad en ambos pueblos. Al año siguiente nuevamente se preparaba el pueblo de Huacho a celebrar su fiesta patronal, esta vez con mayor interés que el año anterior. Durante los preparativos previos redoblaron la vigilancia sobre la imagen del Cristo “fugitivo”. Pero en medio de la fiesta, cuando el pueblo entero estaba ebrio de comida y bebida, bailes y toda clase de diversiones, desapareció el Cristo.Los huachanos se dirigieron presurosos a Churín, con la seguridad de encontrarlo, pero cuanta fue la sorpresa de los emisarios, que al ingresar a la iglesia de Churín, no encontraron a su Cristo. Muy grande ha debido ser la sorpresa de los habitantes de Churín, cuando al tercer día de estos acontecimientos notaron la presencia del Cristo instalado en el altar principal de su iglesia, y al igual que el año anterior, aún estaba sudoroso y mostraba las huellas de una larga caminata. Nuevamente, vino una comitiva más numerosa, para llevarse de regreso la imagen, asegurando que en esta oportunidad no se iba a “escapar”, por lo que prometieron celebrarle una gran fiesta para el próximo año. Y, en efecto, los devotos cumplieron con creces su formal promesa. Sin embargo, el escurridizo inquilino volvió a Churín, y así lo hizo por tres oportunidades más, hasta que los huachanos, resignados, comprendieron finalmente que la imagen había decidido fijar su residencia en este pueblo, y así se quedó en Churín.