San Pablo de Acaín, ubicado en la región natural quechua, es una comunidad campesina que pertenece al distrito de Pachangara, lugar donde se practica el ritual del agua, fiesta del agua o Sequia Pisay, desde el periodo prehispánico, y cuya causa de interés turístico es la ritualidad que contiene esta tradicional actividad costumbrista, en la cual participa la población del lugar con su vestimenta típica. Solo se realiza los días 10, 11 y 12 de noviembre, de cada año, utilizando cantos de harauis en quechua ligados a prácticas agrícolas, productivas y formas de identidad.El primer día (10 noviembre) consistió en limpiar los canales de la acequia, participando hombres y mujeres. Los comuneros designados para dicha actividad de limpieza, chacchan la hoja de coca acompañada de la cal y fuman cigarros sin filtro como parte del tributo ancestral, además de tomar chicha de Jora.Segundo día (11 de noviembre), es donde se pone en práctica la mayoría de ritos de agradecimiento, entre ellos los cantos harauis, mientras van bebiendo chicha de jora, haciendo pagos a la tierra antes de beber. Al mediodía, los comuneros se dirigen al reservorio, una vez que se llega a este lugar, se van ubicando a un lado los hombres y al otro las mujeres, aquí van a aparecer los llamados “zorritos”, que son los niños y adolescentes de la comunidad que, de manera muy ferviente, también cumplen un rol dentro de esta celebración, pues son ellos los que se encargan de labores como limpiar la mesa y recolectar leña para la comida del tercer día. Al cerro se le hace un emotivo pago, que consta de una pequeña quema de leña con grasa de llama, se dice unas palabras de agradecimiento, además de pedirle una buena retribución en el año y se deja que el fuego consuma la grasa.El segundo paso es rezarle al “Bendito”, que es rezarle al Dios Cristiano; luego se procede la entonación de los cantos harauis. Este canto, entonado solo por mujeres, es de felicidad, en el que se le agradece al agua, mientras los varones invitan a la mesa central, donde se presenta la Flor de Tocapia, que es una flor traída de las alturas del pueblo. Estas son puestas con mucho respeto sobre la mesa y se les entrega a los comuneros, hombres y mujeres. En la noche, los “zorritos” recorren el pueblo, casa por casa, para solicitar que solidariamente se les done leña, maíz, arroz, entre otros alimentos y elementos que se puedan utilizar. Para la preparación del desayuno del día siguiente. Tercer día, (12 noviembre), el pueblo se divide en dos bandos: los hombres, por un lado, y las mujeres, por el otro. Esta división se debe a que van a conformar dos grupos para llevar a cabo el juego de la guerra. Como parte de la ceremonia, el acto oficial que viene, es la despedida de la Tocapia.Esta flor que se bajó de las alturas y repartida a la población antes del almuerzo del día anterior y debe ser regresada a las alturas, para ellos cada comunero se acerca al síndico para hacer entrega de la flor, y una pareja de varones serán los encargados de llevar las flores al lugar de donde las recogieron. Luego de servir la comida a los asistentes, empieza la guerra, que consta de capturar enemigos y cobrar por su rescate, también hay enfrentamientos cuerpo a cuerpo donde no necesariamente salen airosos los hombres. De esta manera, termina una celebración de 3 días muy cargados, acompañados de arduas labores.