La danza del Corcovado, tiene sus orígenes en la época republicana del siglo XIX, alrededor del año 1854, en un período marcado por la opresión española, donde un grupo de jóvenes conocido como los “chapetones”, que se refería a personas recién llegadas a América o colonizadores, quienes cometían abusos y fechorías en el pueblo, y que a partir de estos eventos surgió la danza de los corcovados de manera festiva y satírica, donde imitaban y ridiculizaban la actitud de los “chapetones”, con coreografías de movimientos exagerados, saltos acrobáticos y giros descoordinados, que simbolizan torpeza y arrogancia de los colonizadores como parodia de su comportamiento hacia el pueblo, personificándolos con máscaras blancas decoradas con detalles rojos y cabelleras de alpaca, y vestimenta adornada de pieles de oveja, llama o taruca, con telas coloridas, portando un huacapincho (látigo) simbólico que rememora tiempos de la opresión colonial, y que los representa de manera jocosa y caricaturesca.
En cuanto al tipo de música, es folclórica andina y utiliza instrumentos tradicionales como el arpa y el violín, con un ritmo alegre, animado, y carnavalesco, que posteriormente, ha ido incorporando instrumentos de viento, como el saxofón y el clarinete, otorgándole un toque moderno, también esta influenciado por el ritmo del huayno (género folclórico peruano) y en ocasiones se incorpora elementos de otros géneros populares, adaptando las melodías a la coreografía, que sin embargo no pierde las características de una danza tradicional folclórica, costumbrista, de ritual o devoción popular que tiene un carácter grupal y participativo, ya que se realiza en honor al Tayta Niño o Niño Jesús, festividad que se celebra los días 25, 26 y 27 de diciembre en el pueblo de Canchayllo de la provincia de Jauja.
A medida que se acercan los días de festividad, la comunidad se une en ensayos y preparativos, exigiendo coordinación y dedicación, bajo la dirección del mayordomo, caporales y devotos que se preparan, para dar inicio con el “pasacalle”, que viene a ser prácticamente un desfile que recorre las principales calles del pueblo de Canchayllo, y donde los danzantes al ritmo de la música, contagian su algarabía y espíritu festivo, para continuar luego con la “caramaza”, que se refiere a una parte central de la coreográfica, y que refleja la destreza y habilidad de los danzantes, para luego proseguir con el “ofrezco”, que es un compartir con comida y bebida típica ofrecida por los mayordomos y caporales a cargo de las celebraciones, que comienza a las 5:00 p.m. donde los danzantes invitan a los pobladores y visitantes a contribuir con donaciones, como un gesto de apoyo económico a la institución folclórica y al gobierno comunal, que se realiza ante la imagen del Niño Jesús, estrechando lazos entre los miembros de la comunidad, para finalmente culminar con la corrida de toros artificiales, con baile general, donde todos confraternizan cerrando la festividad en un ambiente de jolgorio y devoción.