La caverna de Mama Huari es una formación rocosa de origen cárstico generada a partir de la presencia de rocas carbonatadas las que combinadas con un régimen de lluvias a lo largo de millones de años, dieron como resultado a los acuíferos cársticos y el cavernamiento o espeleogénesis; posee 10 m. de alto y una profundidad de 14 m., se encuentra en el piso ecológico Suni y se ubica en la quebrada que conduce al santuario rupestre de Pintishmachay, asimismo al frente de la formación rocosa natural con trece puntas denominada por la población como los “Trece hijos de Mama Huari”; ambas formaciones naturales están vinculadas por una leyenda local transmitida de generación en generación, que explica la historia de Huaricolca y del aprendizaje en el manejo de la fibra de lana de camélidos; en este relato oral “Mama Huari” seria la mujer que dio origen a la población actual del pueblo y también fuente primigenia de la identidad y cultura local. Cuenta la leyenda de “Mama Huari” y sus “trece hijos”, que eran tiempos pasados, cuando una mujer poderosa llamada Mama Huari apareció como si saliera de la luna, en la cumbre del cerro Marcajasha; llegando hasta la quebrada que inicia en Huarihurán, seguida de sus trece hijos y numerosos servidores, con abundante ganado y cosechas, asentándose en el lugar. Esta gran señora, generosa con sus servidores, transmitió el arte del puchkado (puchka, herramienta ancestral andina que se utiliza para la realización del hilado de fibras textiles, usado por los antiguos hombres de las cavernas) y paseaba imponente sobre la pampa inspirando respeto y temor; vestía muy elegante con faldellín de lana de vicuña, monillo adornado con cinta de siete colores, lliclla bordada de oro (manta andina) cubriendo sus hombros y espalda, con prendedor de plata, además de un sombrero adornado de flores y ojotas (sandalias) de plata con cintas de lana de llama. Con su llegada, la prosperidad reinó en el lugar durante muchos años; sin embargo, la población se hacía cada vez más numerosa, por lo que Mama Huari vio la necesidad de que sus habitantes se dispersen hacia otros horizontes y formen otros pueblos; así surgieron: Ancashmarca, Uchumarca, Chaupimarca, entre otros. Pasó el tiempo y las tribus comenzaron a rivalizar entre ellos, generándose gran violencia y hostilidad; casi al mismo tiempo, la envidia invadió a los hijos de Mama Huari y las peleas se hicieron constantes, sin que la abnegada madre pueda hacer nada para controlarlos, por lo que, decepcionada de ver tanta ingratitud, abandonó su pueblo, subió a la montaña, donde se ubica la actual cueva de Mamá Huari y se internó en ella con una puchka, llorando desconsolada; entonces, los dioses compadecidos de su sufrimiento, la transformaron en piedra y las lanas con las que hilaba, en estalactitas de las que aún hoy se pueden observar fragmentos en el techo de la gruta; cuando sus hijos la hallaron, nada pudieron hacer por ella y, arrepentidos, prometieron acompañarla en la muerte, por lo que eligieron como lugar de descanso eterno una montaña ubicada al frente de la caverna donde estaba su madre, rogando a los dioses los transformen también en piedra, siéndoles ello concedido tras morir; por esa razón, tiene trece puntas de piedra y se le conoce como la montaña de los Trece Guardianes, donde sus hijos permanecen cuidando a su madre. Actualmente la mujer de piedra en actitud de llorar ya no existe, cuentan que hace varios años intentaron llevársela y al hacerlo, ésta se vino abajo destruyéndose; hoy en día sólo puede verse una pintura de una mujer en la pared de la caverna, realizada por la población, representando a la “Madre de Huaricolca”; siendo tanta la devoción y el vínculo que tiene esa cueva con los habitantes de Huaricolca, que en diversas fechas del año, visitan la cueva con ofrendas inmersas en la cosmovisión andina, con el fin de obtener prosperidad en su vida o simplemente por el deseo de vincularse con el lugar que aún sienten como cuna y origen.