Resplandeciente joya natural ubicado a orillas del lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo; un balneario que destaca por la tranquilidad de sus aguas cristalinas y una extensa franja de arena clara. Su entorno está enmarcado por peñones de pendientes pronunciadas, un espacio de uso turístico que combina riqueza ecológica y cultura viva, que ofrece a los visitantes descanso, recreación y conexión con la naturaleza en donde se practican caminatas, pesca artesanal, paseos en bote, observación de aves, fotografía paisajística, camping y otros; un espacio que conserva y alberga el habitad de especies endémicas del lago Titicaca, además la participación en labores agrícolas, elaboración de textiles y festividades locales, consolidándose como un atractivo turístico, donde las comunidades locales mantienen vivas sus costumbres ancestrales; este entorno favorece el desarrollo del turismo cultural, turismo místico, turismo de naturaleza y el turismo alternativo; es visitado con mayor afluencia durante la temporada de verano y en la primavera, sobre todo con motivos del día de la juventud y día del estudiante, cientos de excursionistas eligen a la playa Charcas como un lugar de visita, es una de las playas más concurridas de la región Puno.
Un imponente escenario, permite disfrutar de amaneceres y atardeceres espectaculares a orillas del lago Titicaca, una de las vistas más apreciadas por los visitantes; a su alrededor se extienden totorales, los que proporcionan hábitat a muchas especies, presenta un ecosistema que refleja una fauna diversa. Se pueden observar diversas especies de aves acuáticas, tanto residentes como migratorias, que encuentran refugio en los totorales. Entre la diversidad de riqueza ictiológica, se pueden peces como los carachis, la trucha arcoíris, ispis; junto a estas especies habita la rana gigante del Titicaca, especie emblemática del altiplano, adaptada a la vida acuática en alturas elevadas.
Sus riberas son espacios vivos y dinámicos donde la tierra y el agua se encuentran y dialogan constantemente, los que embellecen el paisaje y cumplen un papel vital en el equilibrio ecológico al proteger las orillas del desgaste, filtran los sedimentos que arrastra el viento y el agua, este entorno crea un microclima agradable que invita al descanso y al disfrute de la naturaleza. En las comunidades cercanas como Luquina, Karina, Churo, Perca, Titilaca y Socca, la vegetación acuática crece incluso a profundidades de hasta 23 metros, lo que habla de la impresionante biodiversidad que alberga el lago; las que asimismo brindan hospitalidad, calidez y conectan a los visitantes con otros atractivos turísticos del Titicaca, como las islas Taquile, Amantani y la Isla Flotante de los Uros, comunidades, en donde el turismo comunitario florece como una forma de compartir saberes ancestrales y vivencias auténticas con quienes llegan en busca de una experiencia diferente.
Su ubicación estratégica, en un rincón privilegiado del altiplano, donde la calma del paisaje y el susurro del agua crean un ambiente perfecto para la contemplación, la reflexión y el reencuentro con uno mismo; caminar por sus orillas, respirar el aire puro y observar cómo el sol se pierde en el horizonte sobre el lago Titicaca es una experiencia que alimenta el espíritu. Los totorales que rodean la playa y la rica vegetación subacuática que crece bajo sus aguas dan vida a un ecosistema lleno de color y movimiento, que no solo maravilla a los visitantes, sino que también inspira a quienes se dedican a la educación ambiental o la investigación científica. Durante la primavera y el verano, Charcas se transforma en un lugar de encuentro para jóvenes estudiantes, familias y viajeros de todas partes, quienes llegan atraídos por su belleza natural y por la oportunidad de conectarse con las tradiciones vivas de las comunidades del altiplano, en una experiencia que va más allá del turismo convencional.