El Yacuruna, también llamado Karwara, es una de las figuras míticas más temidas y reverenciadas del imaginario amazónico. Su nombre proviene del quechua yaku (agua o río) y runa (hombre o persona), y se traduce literalmente como “persona del agua”. Para los pueblos indígenas de la Amazonía, como los kukama del bajo Marañón, el Yacuruna no es simplemente una criatura fantástica, es un ser espiritual, profundamente conectado con los ríos, las lagunas y el mundo subacuático.
Este ser posee la capacidad de transformarse según su voluntad y según el sexo de su víctima, ya que puede tomar la forma de un hombre joven y apuesto para seducir a mujeres, o convertirse en una mujer hermosa cuando desea atraer a hombres. De noche, suele aparecer en los ríos como un forastero encantador, capaz de hechizar con su mirada y voz dulce. Su objetivo es atraer a su víctima hasta las profundidades del agua, donde la transforma en un ser como él o la retiene para siempre en su mundo sumergido.
Pero más allá de su forma seductora, muchas versiones lo describen con su verdadero aspecto: una criatura de baja estatura, jorobada, con el cuerpo cubierto de cerdas y escamas, y plagado de sanguijuelas, con pies girados hacia atrás, manos palmeadas y una cruz blanca en el pecho. Su rostro tiene rasgos extraños, a veces con ojos rojos enormes y brillantes. Además, se dice que fue uno de los primeros habitantes de la Tierra y, tras el Gran Diluvio, se refugió bajo las aguas, donde aún vive con su pueblo.
Asimismo, se relata que los Yacurunas habitan en ciudades invisibles bajo el agua, con casas de barro, plazas, caminos y tecnología avanzada. Viven en familia, y aunque llevan una existencia aislada, sienten nostalgia del mundo de la superficie. Por eso, a medianoche, salen como “maitsankara” (espíritus errantes) a recorrer silenciosamente los poblados humanos.
Cuando una persona desaparece en el río sin dejar rastro, muchas comunidades creen que ha sido llevada por los Yacuruna, y que aún vive con ellos, transformada en parte de su mundo. En algunos casos, los familiares logran comunicarse con los desaparecidos a través de los sueños; en otros, los chamanes intentan rescatar sus almas mediante rituales espirituales. El Yacuruna es también una figura ambigua porque es un espíritu que puede sanar o dañar, guiar o perder. Algunos curanderos lo invocan en rituales con ayahuasca, lo consideran guardián de sabiduría ancestral y protector de los animales del agua. Pero si se le ofende, puede causar enfermedades, accidentes o desapariciones.
Para los pueblos amazónicos, el Yacuruna no es solo un mito, es una presencia viva que refleja el misterio y la conexión profunda entre el ser humano y la naturaleza. Un recordatorio de que, en la selva, lo que parece agua tranquila puede esconder un universo entero y un espíritu observando desde las profundidades.