Estos restos arqueológicos están ubicados en las elevaciones que forman la quebrada del Cóndor, que de acuerdo a la clasificación de Javier Pulgar Vidal se encuentra en el piso ecológico Suni (del quechua, "ancho, amplio, alto") también llamada Jalca (del quechua sallqa, "silvestre, salvaje, tierra desierta"); posee una extensión aproximada de 0.76 hectáreas. De acuerdo a las investigaciones y documentación existente, fue un asentamiento prehispánico de proporción pequeña que se encuentra dividido en tres plataformas o pisos de origen geológico, de las cuales la tercera plataforma (ubicada en la cima) es la que concentra mayor cantidad de espacios habitacionales, con un total de 12 edificaciones circulares y rectangulares que aún se pueden observar, construida con piedras semi labradas, en su mayoría de tipo esquisto (rocas metamórficas duras, compactas, coherentes y de baja porosidad) y andesita (roca ígnea volcánica de composición intermedia) obtenida localmente; formando muros de espesor variable que van desde los 45 a 60 centímetros, asentadas con argamasa de barro compuesta por una mezcla particular de arena, arcilla y cal; las edificaciones circulares tienen un radio aproximado de 3 a 6 m, mientras que las rectangulares tienen un área aproximada de 6 m2; unas 6 estructuras sobrepasan el 1.5 m. de altura y conservan gran parte de su contorno, una de ellas cuenta con dintel completo; en tanto que todas las estructuras presentan un acabado rustico. La arquitectura de los muros de las estructuras circulares y rectangulares, así como de los muros o “pircas” que delimitan los espacios abiertos asociados a ellos, pertenecen al Intermedio Tardío o a la también llamada “Época de los Estados Regionales”, periodo de las civilizaciones andinas comprendido desde la decadencia de la cultura Wari hasta la victoria del entonces pequeño Estado Quechua (Inca) sobre los Chankas en la batalla de “Yawarpampa”, la cronología más aceptada sitúa este período entre los años 1000 d. C. y 1450 d. C. Todos los detalles antes descritos, nos brindan la hipótesis de que “Malka Loma” fue una ocupación de muchos siglos que van desde la época Wari, la época de la cultura Shawsha y que mantuvo su influencia y esplendor hasta la llegada del Inca Pachacútec y la posterior conquista del valle del Hatun Mayu (hoy conocido como el valle del Mantaro) y del actual valle del Cunas (donde se ubica el sitio arqueológico), con su consiguiente anexión al Tahuantinsuyo. El lugar, se encuentra a unos 20 minutos de caminata del pueblo de Sallahuachac, siendo un lugar poco transitado por la población, permite tener avistamientos ocasionales de fauna local como la vizcacha (Lagidium viscacia), perdiz (Nothoprocta pentlandii'), zorro andino o “atoq” (Lycalopex culpaeus), venado andino o “taruca” (Hippocamelus antisensis) y avifauna como el liclish (Vanellus resplendens), garza nocturna azul o “huaco” (Nycticorax nycticorax), gorrión o “pichiuchanka” (Zonotrichia capensis) y halcón andino (Falco peregrinus); asimismo el camino de acceso se encuentra al lado de numerosos riachuelos y caídas de agua donde se encuentran truchas (Oncorhynchus mykiss) de diversos tamaños y se observa flora propia de la zona alto andina como el ichu (Stipa ichu) y plantas medicinales como el toro toro, pachataya, oca oca, inca coca, colish colish, cuti cuti, lichi lichi, toya, escalera, chunchuy, urpash, linli linli, pepino calla, chullumpay, ojayshu, huamanpinta (Chuquiraga spinosa Less), chaca chaca, ortiga colorada (Caiophora cirsiifolia C.) y espinas como el huajuro o hualajo (Austrocylindropuntia floccosa) y la jala espina o cactus andino (Echinopsis lageniformis). Estas características, convierten a esta zona arqueológica en un potencial punto de atracción para visitantes interesados en la arqueología, así como para los amantes de las caminatas o trekking y la observación paisajística de la zona alto andina de la Cordillera de los Andes Centrales.