La Huaca es un complejo megalítico de alto valor histórico, cultural y paisajístico, ubicado en la cima del cerro homónimo, entre los caseríos El Checo, Tunal y La Huaca, en el distrito y provincia de Ayabaca, región Piura. Se encuentra a una altitud aproximada de 1,841 m s. n. m., dentro de la Región Yunga de montaña, con marcada influencia de la Ceja de Selva, debido a su proximidad a la frontera con Ecuador.
Este centro arqueológico destaca por sus imponentes formaciones líticas, algunas de más de dos metros de altura, que emergen del suelo o parecen incrustadas profundamente en la tierra, configurando un paisaje enigmático y cargado de espiritualidad. Su ubicación privilegiada ofrece una vista panorámica de la sierra norte del Perú y lo convierte en un punto clave dentro de antiguas rutas de peregrinación, caminos ceremoniales y redes de interacción cultural prehispánica.
Las estructuras pétreas, conocidas localmente como “huacas”, se distribuyen a lo largo del cerro y presentan formas singulares que han sido bautizadas por la población con nombres como Piedra Moquillo, Piedra Caza, Piedras Cargadas, Piedra Tortuga, Piedra Virgen, Piedra La Hillia, Boquerón una formación que conecta visualmente con el río Calvas y la Piedra Falo, también llamada “Dios Pene”, considerada el principal atractivo turístico por su simbolismo vinculado a la fertilidad. Además, se han identificado petroglifos aún no estudiados formalmente, lo que revela un notable potencial para futuras investigaciones arqueológicas.
La Huaca posee una profunda carga simbólica y es reconocida como un espacio ceremonial y místico desde tiempos ancestrales. Según la tradición oral, el cerro fue históricamente una zona de pastoreo de ganado vacuno, pero los pobladores relatan que el lugar “encanta” o desorienta a quienes lo cruzan después del mediodía, especialmente durante la temporada de lluvias. Uno de los testimonios más conocidos es el del señor Víctor Chamba, quien afirmó haber perdido gran parte de su ganado por la acción mística del cerro. Para contrarrestar esta influencia, se realizó un ritual tradicional denominado “singado”, dirigido por el curandero Pablo Bayona, en el que se utilizó ají como elemento espiritual purificador. Asimismo, se advierte que a partir de las 2:00 p.m., especialmente en los meses de invierno, transitar por el cerro puede ser riesgoso, ya que, según la creencia local, este “tapea” o atrapa espiritualmente a los caminantes. En 1940, el párroco de Ayabaca, Juan Morocho, originario de la comunidad campesina de Chocán, ofició una misa en la cruz instalada en la cima del cerro por el chamán Víctor Gonza, como acto simbólico para neutralizar su fuerza.
Desde la cosmovisión andina, se sostiene que el cerro La Huaca está energéticamente interconectado con el cerro La Ahuaca, ubicado en Cariamanga, Ecuador, territorio que en época prehispánica pertenecía a los Calvas, en confederación con los Caxas y Ayahuacas. Esta conexión refuerza la hipótesis de una red de lugares sagrados articulados a lo largo de la actual frontera entre Perú y Ecuador. En el área también se encuentra el Cementerio de La Huaca – Chocán, donde cada año, del 1 al 3 de noviembre, se celebra una festividad religiosa que congrega a la población local para rendir homenaje a sus difuntos. En cuanto a la flora, destaca la presencia del San Pedro flor roja (Echinopsis pachanoi), planta utilizada tradicionalmente en rituales de curación y conexión espiritual por los chamanes de la zona.
La Huaca es considerada una zona de alto potencial arqueológico y turístico, debido a la evidencia de ocupación humana ancestral, la presencia de huacas, petroglifos y relatos orales que refuerzan su carácter místico. Actualmente, se requiere con urgencia una intervención técnica mediante estudios arqueológicos formales que permitan conocer su verdadero valor histórico y cultural, así como protegerlo del saqueo y la huaquería, actividades que han dejado huellas visibles en el lugar.