El Carnaval de las comunidades campesinas de Huancabamba, Checche, Huaraccopata y Ñahuinpuquio se celebra en los distritos de José María Arguedas y Andahuaylas, de la provincia de Andahuaylas, departamento de Apurímac, entre los meses de febrero y marzo, coincidiendo con la época de lluvias y las primeras cosechas agrícolas. Esta festividad de épocas ancestrales, en la actualidad constituye una expresión viva de la cosmovisión andina, en la que se rinde homenaje a la Pachamama (Madre Tierra), a las fuentes de agua y a los Apus tutelares, divinidades que representan las montañas, lagunas y animales sagrados que protegen a las comunidades.
El carnaval tiene una duración aproximada de cinco días, de domingo a viernes, y es compartido por las cuatro comunidades mencionadas, que mantienen una organización comunal conjunta y un profundo sentido de reciprocidad. El domingo, conocido como víspera, se realiza la misa de bendición de las cruces de lirio, elaboradas con flores y frutas, que representan a cada comunidad. Posteriormente, los pobladores las llevan en procesión hacia los Apus tutelares —Kunkayuq, Sintayuq Muqu, Qara Champina y Kural Muqu Pata—, donde se realizan ofrendas con hojas de coca, caña y chicha de qura para pedir su protección y abundancia, marcando el inicio oficial del carnaval.
Durante los días siguientes, cada comunidad desarrolla sus propias actividades festivas: el watukanakuy o intercambio de visitas entre autoridades y familias, la yunza o baile alrededor de un árbol adornado con regalos, y el siqullunakuy, enfrentamiento simbólico entre hombres y mujeres con warakas o hondas, que representa la complementariedad de los géneros. Las calles se llenan de música, danzas, coloridos atuendos y el aroma de los potajes típicos como habas puspu, aycha lawa, chuñu lawa, payqu lawa y bebidas tradicionales como la caña, chicha de jora y el trago kanka.
El viernes, día central, se realiza el watukanakuy general con la participación de todas las comunidades y el intercambio de productos agrícolas o qutuna, donde los pobladores comparten frutas, hortalizas, carnes y granos, reafirmando su identidad colectiva y su vínculo con la naturaleza. La jornada culmina con una gran fiesta comunal en la explanada de Huancabamba, donde la música, la danza y la hospitalidad de sus pobladores envuelven al visitante en un ambiente de alegría y hermandad.
Durante la festividad, los varones visten el tradicional kutun o chaqueta de bayeta adornada con cintas de colores, poncho de lana, chumpi o faja, y sombreros con plumas de cóndor o pavo real; mientras que las mujeres lucen blusas y polleras de lana teñidas con colores vivos, mantas bordadas con motivos florales y sombreros decorados. Ambos acompañan los bailes con instrumentos como tinyas, quenas y guitarras, cuyos sonidos evocan la conexión con la tierra y la espiritualidad andina.
Los visitantes pueden participar en los rituales tradicionales, apoyar en la decoración y levantamiento de la yunza, degustar la gastronomía local, interactuar con las familias comuneras, documentar la festividad a través de la fotografía y el video, y recorrer los senderos rurales que conectan las comunidades, disfrutando del entorno natural y del paisaje agrícola. Asimismo, la experiencia permite observar las costumbres, música, danzas y vestimenta tradicional, lo que convierte a este carnaval en una manifestación única de identidad y espiritualidad andina.