La textilería actual de Ayacucho en particular y de la zona de Quispillaccta es heredera de una larga tradición prehispánica desarrollada a lo largo de todo el país, entre los que destacan los mantos Paracas y los tejidos Inca y Wari ayacuchanos. Los materiales que se siguen utilizando en la actualidad son preferentemente el algodón blanco, las fibras de vicuña, alpaca, oveja y llama. Otros materiales utilizados eventualmente pueden ser los cabellos humanos y los pelos de murciélago. Además, todavía se mantiene el uso de recursos tintóreos naturales para el proceso de teñido: como el molle, cochinilla, nogal, eucalipto, higuerilla, muña, qelqimsa, remilla, retama, tara, taya, palta, tankar, masocopa, chillka que se combinan con la anilina y otros tintes industriales; el telar vertical y el telar a pedales continúan siendo las herramientas con que se tejen la mayoría de mantas, ponchos y chumpis. Es de destacar la confección de los walis y los sombreros como elementos característicos de la vestimenta tradicional del poblador quispillactino los cuales son confeccionados con el uso de la máquina de coser y una gran variedad de elementos multicolor, destacando el color marrón (cconcho y vino) con cinta negra de terciopelo.
En cuanto a la decoración de la artesanía textil de Quispillaccta es frecuente encontrar elementos como las waytas en sus diversas variedades principalmente la flor de papa, mariposas, los cerros o apus tutelares, aves como el siwar, camélidos silvestres, cuerpos de agua como ríos y lagunas, diseño geométrico que simboliza el ciclo del sembrío. Se muestra una rica variedad de huaracas confeccionadas a mano usando la fibra de llama, las chimpitas, el simpawatu, las mungas, los ponchos, los sombreros y walis, chalinas y puñunas. Quispillaccta es considerado como centro de producción textil de Ayacucho, región en la que en décadas recientes se ha popularizado la elaboración de tapices de trama y de urdimbre con motivos abstractos.
La textilería es un arte ancestral que se desarrolla a base de tejidos hechos a mano realizados en telares de pedal; principalmente de lana de alpaca, lana de oveja o fibras de algodón pintados con tintes naturales que son bordados con una gran variedad de técnicas y decoraciones inspiradas en la naturaleza.
El arte textil en el Perú fue factor muy importante para el desarrollo de su cultura, desde sus primeras civilizaciones alcanzó gran nivel de madurez artística donde sus diseños contenían elementos de la naturaleza o escenas de su vida cotidiana; actualmente, los artesanos textiles heredaron esta tradición y lo desarrollan en sus piezas textiles con diseños originales e innovadores.
Los artesanos ayacuchanos proceden de la Cultura Wari, pero de manera particular los quispillactinos proceden de los Kanas, donde resaltaron tejedores y bordadores de textiles tradicionales, los cuales en el transcurso del tiempo heredaron sus conocimientos a sus familias.
En 2019, Ayacucho fue reconocida como Ciudad Creativa por la UNESCO en la categoría ‘Artesanía y Arte Popular’, pues 16 de las 19 líneas artesanales que existen en el país se practican en esta región. Ayacucho es conocida, además, como la “Capital de la Artesanía Peruana”, pues su estructura económica, cultural y comercial se basa en este sector y moviliza a cientos de creadores y artistas que difunden a través de sus textiles, entre otras, las tradiciones y valores de la región.
El Pueblo de Quispillaccta, es eminentemente artesanal, en la línea artesanal textil, es un pueblo que viste con el atuendo originario que consta en las mujeres blusa, traje, manta multicolor, blusa y sombrero en los varones pantalón, poncho, camisa, sombrero y ojota. Es una vestimenta de uso diario en forma obligatoria.