El Distrito de Salas está situado en el extremo oriental de la provincia de Lambayeque, alejado del mar y pegado a la cordillera Occidental de los Andes, cuyos contrafuertes cortan su territorio.
Su territorio está subdividido en las regiones Chala y Yunga. Su capital es el pueblo de Salas, situado en la margen derecha del riachuelo de su nombre (tributario del río Motupe), a 77 km. al norte de la ciudad de Chiclayo y a 190 m.s.n.m.
Salas fue creado mediante Ley Transitoria de Municipalidades Nº 51, emitida por la Convención Nacional de 1855, el 2 de enero de 1857 durante el gobierno del presidente Ramón Castilla, cuando Lambayeque aún pertenecía al departamento de La Libertad.
Es un pueblo antiguo que existe desde antes de los Mochicas, donde siempre existieron los curanderos y brujos, por lo tanto es tradicionalmente tierra de brujos, chamanes y curanderos, es reconocido a nivel nacional por su fuerte tradición de curanderismo, ganándose el apodo de "Capital del curanderismo" o "Tierra de los brujos".
Esta práctica, una mezcla de tradiciones indígenas, rituales católicos e influencias africanas, ha sido transmitida de generación en generación y sigue siendo una parte importante de la identidad cultural de Salas.
Una versión señala que fue fundado por el cacique Sebastián Callaypoma, con el nombre de Salascape, en el lugar llamado Algarrobo, a 4 km. de su actual ubicación; por los años 1700, habría sobrevenido una terrible epidemia que diezmó a la población, determinando que los sobrevivientes abandonaran la primitiva ubicación para trasladarse al actual Salas.
El curanderismo de Salas, es una rica tradición ancestral de sanación, conocida como "la tierra de los curanderos", donde se usan hierbas y rituales ancestrales (limpias, mesadas) para males físicos y emocionales.
Destacan notables representantes, como Don Lino, uno de los más conocidos, figura central de la sanación y doña Victoria Clavo, maestra curandera reconocida por su trabajo con hierbas y sanaciones profundas, así como maestros yerberos y curanderos, un linaje de sanadores que continúan la práctica en la zona.
Esta herencia ancestral se transmite de generación en generación, fusionando saberes prehispánicos con influencias andinas y criollas, con énfasis en el uso de plantas medicinales como el guayacán, tabaco chiric sanango y animales sagrados, tratando males físicos (huesos, males de estómago) y “daños” o males del alma y energía (susto, envidia, mal de ojo)
Las limpias consisten en limpieza espiritual con el propósito de despajar la energía negativo, el mal, el susto o la envidia del cuerpo y el espíritu, usan elementos como el huevo (para “leer” el daño), hierbes (romero, ruda, albahaca), tabaco, agua florida, y ramas de plantas como el guayacán; el curandero pasa los elementos por el cuerpo del paciente mientras reza y canta, extrayendo la mala energía, que luego se desecha.
Las mesadas son sanaciones profundas, con el propósito de sanar males más profundos, realizar “amarres” curativos o fortalecer la energía personal. Su método implica un ritual más largo y complejo, a menudo nocturno, con la mesa (mesada) como centro, adornada con velas, hierbas y objetos sagrados, utilizan el tabaco (puro), brebajes de hierbas, cantos, rezos y trabajo con guías espirituales. A veces se incluyen elementos como el cuy (conejillo de indias) para diagnósticos.