Sopa a base de chuño elaborado en las comunidades altoandinas desde épocas prehispánicas. El chuño se obtiene de la papa amarga, la misma que, para hacerla apta para la alimentación se somete a un proceso de congelación, deshidratación, lavado y secado, para eliminar los glicoalcaloides responsables de su sabor amargo, de acuerdo a la técnica ancestral, la papa se extiende sobre el suelo plano cubierto de paja, y se deja congelar por las heladas nocturnas durante aproximadamente tres noches, luego se expone al sol y se procede al pisado, para expulsar el agua y desprender la cáscara, luego se deja secar por aproximadamente 45 días, finalmente se frota para sacar la cascara restante, así se obtiene el chuño, un alimento característico en el altiplano.
Durante el período colonial, se experimentó la fusión culinaria entre los productos andinos y los alimentos traídos por los españoles. En el siglo XVI se incorporó a la olla ingredientes como; cordero, chalona, cebolla, trigo, zanahoria, habas, y especias como el comino y el orégano. En el siglo XVIII, las recetas combinaban cordero, chuño, papa, zapallo y hierbas, configurando una versión temprana del chairo tal como se conoce en la actualidad.
La preparación se hace con técnicas tradicionales; su preparación se inicia remojando el chuño la noche anterior, al día siguiente se muele el chuño en batán, luego se lava repetidamente hasta obtener un sedimento almidonado que aporta cuerpo y espesor a la sopa; En una olla se sofríen las verduras; zapallo, zanahoria, poro, cebolla y apio con condimentos; ajo molido, comino, orégano, hierba buena y muña, logrando un equilibrio entre aroma, sabor y textura característicos de la sopa altoandina, esta variedad de insumos, convierte al chairo en un plato emblemático que refleja la riqueza agroecológica y la identidad culinaria de Puno, finalmente se incorpora las carnes de cordero y res, chalona, viseras, mote, o trigo pelado, se deja que el caldo adquiera sabor durante una cocción lenta, se agrega papa y el chuño chancado o molido para que la sopa espese de manera natural. Se deja reposar antes de servirla, se acompaña con perejil fresco y hierba buena picados, para el sabor se puede acompañar con rocoto picado.
Es una sopa que destaca por su alto valor nutricional, ideal para las exigencias del clima frío del altiplano, aporta proteínas de calidad gracias a la chalona y a las habas; carbohidratos complejos del chuño y el trigo, que brindan energía sostenida; además de minerales esenciales como hierro, calcio y potasio, y vitaminas A, C y del complejo B provenientes de las carnes, tubérculos y verduras. Su alta densidad calórica lo convierte en un alimento fundamental para desarrollar las intensas actividades físicas propias de las zonas altoandinas.
Ocupa un lugar importante en la vida comunitaria puneña, es tradicional servirla los fines de semana, y durante las faenas agrícolas y reuniones comunales, donde se prepara en grandes ollas como alimento reconfortante tras las duras jornadas de trabajo. Su presencia constante en estos espacios lo ha consolidado como un símbolo de reciprocidad, cohesión social y tradición andina. Así como su creciente reconocimiento en la gastronomía regional que fortalece su vocación turística, integrando rutas culinarias, experiencias vivenciales y demostraciones gastronómicas que permiten a los visitantes conocer la identidad y el patrimonio gastronómico de Puno.
Este plato se puede disfrutar en los restaurantes de la ciudad de Puno; en el Puerto Muelle, y en el Sector Huaje, en las islas del Lago Titicaca donde forma parte de la oferta gastronómica del turismo vivencial; también en la ciudad de Chucuito, donde se consume junto a la trucha, pejerrey o queso frito, y en los diferentes distritos y provincias de la región Puno.