La danza Unucajas de Azángaro es una manifestación cultural tradicional de carácter guerrero, pastoril, agrícola y carnavalesco, propia de la provincia de Azángaro, cuyo origen se vincula, según la tradición oral, con la parcialidad de Anansaya Esqhanchuri, ubicada al norte del distrito de Azángaro, cerca al límite con Asillo; esta expresión forma parte de la memoria colectiva del pueblo azangarino y representa la continuidad de antiguas prácticas rituales asociadas a la fertilidad de la tierra, la renovación del ciclo agrícola, la convivencia comunal, la marcación del ganado y el cortejo entre jóvenes, teniendo como núcleo de representación los distritos de Azángaro, Asillo y San José, aunque también se practica en zonas aledañas como José Domingo Choquehuanca, San Juan de Salinas, San Antón y Tirapata.
Su denominación proviene del vocablo quechua “unu”, que significa agua, y “caja”, en referencia al instrumento de percusión que distingue a esta expresión, por lo que puede interpretarse como “caja de agua”, nombre relacionado con la costumbre de humedecer el parche del instrumento denominado unucaja, tinti o tambora, a fin de obtener una sonoridad profunda y particular; la música se ejecuta principalmente con el pinkillo o pinquillo, aerófono tradicional de caña con orificios frontales, y la unucaja, pequeño membranófono elaborado con cuero de ovino y cuerpo de madera, triplay o latón. Esta danza se representa principalmente durante el calendario festivo del carnaval azangarino, iniciándose con la Fiesta de San Sebastián, el 20 de enero, conocida también como carnaval chico, y continuando entre los meses de febrero y marzo hasta el Domingo de Tentación o Amargura, periodo en el que las comunidades celebran la abundancia agrícola, el florecimiento de los cultivos, el agradecimiento a la Pachamama y diversos rituales de integración social; asimismo, tiene presencia en festividades y escenarios culturales de gran importancia, como la Festividad de la Virgen de la Candelaria, la Octava del Niño Jesús y otros concursos de danzas tradicionales reconocidos a nivel regional y nacional. Su coreografía comprende diversas escenas rituales, entre ellas el t’ikachasqa, referido al recojo de flores para adornar sombreros, monteras, viviendas y espacios festivos; el chaku apaykuy, vinculado con la entrega simbólica de productos de las primeras cosechas y animales silvestres a las autoridades; el señalakuy, relacionado con la marcación del ganado; el tarukaschay y la anteguerra o mak’anakuy, donde los varones miden fuerzas como demostración de valor, mientras las mujeres participan activamente en el desarrollo coreográfico, expresando la relación entre comunidad, naturaleza, ciclo productivo, fertilidad y enamoramiento juvenil. El vestuario conserva elementos propios de la identidad rural altoandina: los varones utilizan prendas de bayeta blanca, faja o chumpi, lliclla o manta, warakas, sombrero blanco de lana y bandera blanca; las mujeres visten polleras de colores, blusa, lliclla, warakas y montera ovalada de bayeta, elemento característico que cumple función estética y de protección frente al sol; la bandera blanca simboliza la paz posterior al conflicto ritual y, en algunas comparsas, participa el personaje del puqllay machu, encargado de anunciar y acompañar los festejos carnavalescos. Por su valor histórico, social, musical y simbólico, la danza Unucajas de Azángaro constituye una expresión emblemática de la identidad cultural del país, fortalece la transmisión intergeneracional de saberes, promueve la participación comunitaria, representa un atractivo cultural con potencial turístico, manifestación viva que expresa la historia, espiritualidad, organización social y riqueza cultural del país.